A veces no estamos perdidos, sino atrapados en decisiones que alguna vez tuvieron sentido. Este texto explora por qué nos cuesta soltar —incluso cuando algo ya no funciona— y cómo volver a elegir desde lo que hoy importa.
El inicio del año y la promesa de cambiar
Al iniciar este año, sumergido en pensamientos sobre lo que quería que sucediera en mi vida, encontré en el podcast The Happiness Lab, liderado por la científica cognitiva Laurie Santos, una serie que me dio muchas luces. Desde diversas perspectivas, abordaba temas relacionados con la tradición de empezar el nuevo ciclo con resoluciones y promesas de cambio de hábitos.
Al ser una práctica común, es bastante probable que muchos hayamos estado ahí al empezar el año. Pero también, habiendo finalizado el primer tercio, es posible que nos encontremos diciendo:
no siento que las cosas que quería cambiar hayan cambiado como esperaba… ¿qué es aquello que me mantiene atascado?
Por qué sostenemos lo que ya no funciona
No requerimos mucha consciencia los seres humanos para establecer patrones. Muchos de los comportamientos que con el tiempo sostuvimos hasta hacer de ellos un hábito, tuvieron una función en su momento; por eso aparecieron.
Lo mismo sucede con los trabajos en los cuales nos embarcamos, o con las personas que elegimos a nuestro lado. Llegaron a nuestras vidas con un propósito, nos acompañaron, o nos quedamos allí porque, en su momento, hacía sentido y estaba alineado con lo que valorábamos.
Pero puede llegar el momento en que empecemos a ver señales. Señales de que esos hábitos empiezan a perder sentido. Que el trabajo en el que estamos ya no nos genera lo mismo. Que la relación que elegimos ya no nos aporta bienestar.
Y, aun así, seguimos.
Cuando intentar deja de parecer una opción
Pese a tener evidencias de esto, ¿es fácil revertir hábitos, cambiar de trabajo, o tener esa conversación dolorosa con la pareja? Para muchos de nosotros, la respuesta es un categórico no.
A la incomodidad evidente se suma algo más profundo: la sensación de que, por más que intentemos, nada cambia. Como lo ilustra Laurie Santos, nos sentimos como un pájaro golpeando contra una ventana.
En esos momentos, es frecuente aprender a no intentar. Sentir que no podemos cambiar, que estamos obligados a quedarnos, que no tenemos herramientas, o que nada de lo que hacemos genera un resultado distinto.
Nos desconectamos de la posibilidad de cambiar.
Nos quedamos donde ya no hace sentido, y dejamos de intentar lo que sí podría abrir algo nuevo.
La trampa de quedarse por lo ya invertido
Es ahí donde aparece otra trampa: quedarnos por lo ya invertido.
Seguimos no porque tenga sentido hoy, sino porque sentimos que ya hemos dado demasiado para soltar: tiempo, energía, decisiones, identidad.
Para evitar el dolor —y el agotamiento de una lucha que no muestra resultados— desistimos… pero no para cambiar, sino para quedarnos.
¿Estoy eligiendo desde lo que hoy tiene sentido… o desde lo que me cuesta soltar?
Atravesar no es lo mismo que huir
Tal vez no se trata de forzar más.
Tal vez se trata de algo más exigente: detenernos, sentir, y estar presentes.
Atravesar no es dejar de sentir.
Es no quedarte detenido por lo que sientes.
Es poder seguir eligiendo, incluso cuando no es fácil.
Adaptarte sin dejar de ser tú.
Reconectar con lo que valoras, aun en medio de la incomodidad.
Porque no siempre podemos cambiar lo que sentimos de inmediato,
pero sí podemos cambiar la relación que tenemos con eso…
para volver a elegir, con más libertad.
Preguntas para detenerse
¿Qué estás sosteniendo hoy que alguna vez tuvo sentido… pero quizás ya no?
Si esto empezara hoy, ¿lo elegirías de nuevo?
¿Estás perseverando… o te estás quedando por lo que ya invertiste?
¿Hay algo en tu vida que has aprendido a no intentar?
¿Qué sería posible si no tuvieras que esperar a sentirte listo para dar un paso?
¿Qué es importante para ti, incluso en medio de esto?
Acompañar el tránsito
Hay momentos en los que no se trata de tener más claridad, sino de no atravesar en soledad.
Acompaño procesos donde no siempre podemos cambiar lo que sentimos de inmediato, pero sí podemos cambiar la relación que tenemos con eso…
para volver a elegir, con más libertad.
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